Habría que empezar con aquello de “más vale tarde...”, porque ultimamente no sé que me pasa que voy cogiendo las exposiciones en sus últimos estertores y siempre hago el comentario a toro pasado, pero bueno, en esta ocasión habia buenas razones. Una de gran importancia y aun mayor longitud han sido las colas.
Las colas en las puertas de los museos resultan un fenómeno que a mi sinceramente me fascina por diversas razones, entre las que se encuentran lo arbitrario de su origen, y, sobre todo y más importante, el aguante sobrehumano que demuestran los que se animan a perpretarlas.
En este mes que ya practicamente se nos escapa han tenido lugar dos exposiciones de esas que plagan de carteles las ciudades y atestan las páginas de periódicos y suplementos culturales. En verdad ambas llevan ya un tiempo desarrollandose. Una sigue, otra se fue. La que todavía puede verse, hasta el 26 de Septiembre, es “Who Knows Tomorrow”, organizada con gran esfuerzo por la organización comprendida bajo el nombre de “National Galerie Staadliche Museen Berlin”; la que ya nos abandonó, dejando a su paso corazones rotos, pasiones desatadas y más de una ampolla de tanto esperar, fue la retrospectiva sobre la obra de Frida Kahlo, que tuvo lugar en el museo Martin Gropius-Bau, también en Berlin.
Me parece interesante resaltar la curiosa coincidencia que ha permitido ver al mismo tiempo dos exposiciones, que si bien tan distinas, poseen a mi entender una vinculación más que probable.
Se trata de dos grandes esfuerzos organizativos por parte de instituciones europeas en traer y mostrar “debidamente” una serie de obras que podría calificarse como “fuera” de el arte occidental tradicionalmente concido como tal, por su carácter de pretendida periferia (Kahlo) y por lo reflexivo, nuevo y “postmoderno” (las obras realizadas por los cinco artistas participantes en Who Knows Tomorrow). Pero claro, como siempre, los intentos plagados de buenas intenciones llevados a cabo por instituciones gubernamentales conllevan un alto riesgo de perder en sus resultados los pretendidos objetivos en un principio. Me explico.
Creo ver en ambas exposiciones dos maneras de enfocar una temática que trata de dar luz (aunque la luz ya haya sido más que dada, desde hace ya unos años) a una producción artística que no goza de tanto crédito quizá en Europa, o por así decirlo, entre las mayorias, pues a nivel académico se trata de conocimientos o ideas ya, más que asumidos, teniendo en cuenta como está ultimamente el tema, están diseccionados. Opino que a casi nadie ya se le ocurriría decir que cuál es la obra de la señora Kahlo, siendo una figura bastante corriente en el imaginario artístico manejado por aquello de “la gente”. Esto llega a tal punto que las colas que se formaban frente a las señoriales puertas del Martin Gropius-Bau con el objeto de visitar su aclamada retrospectiva contaban las horas de espera al más puro estilo de los parques de atracciones: a partir de este punto le esperan 7 horas (y de verdad, no estoy exagerando). Y entonces yo me pregunto qué es lo que pasa, que si toda esa maniobra de mostrar por primera vez en Europa desde hace décadas la obra de la artista mexicana para reconocer su valor y revisar su potencial no se ha convertido más bien en un refuerzo de los exotimos y cliches que ya penden sobre la figura de Frida, que en vez de disfrutar de una exposición original, con planteamientos nuevos quiza acerca de su identidad y su obra, se contenta con alimentar las viejas cartelas de “Surrealismo”; “Hija de México”; “Frida Mujer” y “Esposa despechada”. En fin... Aunque Frida Kahlo no sea una artista nacida en Occidente, fue Occidente quien creo su figura y la mitología que la rodea, ya bien fuera a través de un alucinado André Breton o del apropiacionismo del movimiento feminista. Sin embargo continúa sin mostrarse más que esas facetas construidas por el “ojo-blanco”, sin intentar reamente penetrar en la complejidad de un personaje fragmentario, que supo su responsabilidad y tragedia en vida, y que sugiere la posibilidad de un análisis más exhaustivo o por lo menos un cambio en su planteamiento. Eche de menos la sugerencia de nuevos puntos de vista más allá de los antes citados, pero habrá que esperar para eso, quiza especialmente a que otra institución (o quiza la falta de ella) se decida a llevar a cabo la empresa.
En relación a “Who Knows Tomorrow”, cabe decir que el concepto se plantea desde un hipotético lado opuesto si de posiciones puediera hablarse. La muestra goza de un estupendo planteamiento de partida, que si no rabiosamente nuevo, si de actualidad y necesario dentro de los programas expositivos europeos mayoritarios. La exposición parte de un asumido aunque importante cuerpo teórico, que queda recopilado en la edición concevida como catálogo, y que al mismo tiemo es mucho más, ya que en vez de las acostumbradas fotografías, lo que incorpora son numerosos y concienzudos ensayos entorno a las ideas del post-colonialismo.
Si bien son textos interesantes, el valor teórico propuesto no lanza ninguna conclusión innovadora, radicando su valor, en mi opinión, es la puesta en práctica de una exposición, organizada por una institucion nacional, en base a esas premisas. Más teniendo en cuenta la historía de la nación alemana en relación con el desarrollo del proceso colonial durante las últimas décadas del siglo XIX en el continente africano.
En este punto encuentra la exposición su mayor potencial, ya que se ha intentado llevar a cabo un diálogo entre las obras realizadas por los artistas (exprofeso para la muestra) y esos hechos históricos que tienen tanto que ver con el debate planteado. El proponer una intercomunicación entre esos lugares-testigos y obras que hablan sobre aquello que atestiguan es algo que siempre me ha parecido interesante, también por la inefable fuerza que de su encuentro en ocasiones se desprende.
Sin embargo, como crítica surgida de la visita general del proyecto, el cambio de localización y la concreción de las obras provoca una cierta decepcion (más teniendo en cuenta el bombo y platillo desplegado en la campaña publicitaria, aunque eso es otra historia). Hay muchas buenas intenciones y un buen concepto de base, no obstante, el esperado impacto se pierde en obras dispersas en diversos lugares, que a veces funcionan estupendamente (Yinka Shonibare MBE en Friedrichswerdersche Kirche), y otras veces resultan un tanto más superfluas o inofensivas (Pascale Marthine Tayou en la Neue Nationalgalerie).
Demasiado ruido para tan escasas nueces, aunque la proposición siempre se agradece.
Who Know Tomorrow está hasta el día 26 de Septiembre en diferentes localizaciones pertenecientes a la organización Nationalgalerie Staatliche Museen Berlin.




