23/8/10

COLORIDOS ESTAMPADOS MEXICANOS VENIDOS DE TAHILANDIA...

Habría que empezar con aquello de “más vale tarde...”, porque ultimamente no sé que me pasa que voy cogiendo las exposiciones en sus últimos estertores y siempre hago el comentario a toro pasado, pero bueno, en esta ocasión habia buenas razones. Una de gran importancia y aun mayor longitud han sido las colas.

Las colas en las puertas de los museos resultan un fenómeno que a mi sinceramente me fascina por diversas razones, entre las que se encuentran lo arbitrario de su origen, y, sobre todo y más importante, el aguante sobrehumano que demuestran los que se animan a perpretarlas.

En este mes que ya practicamente se nos escapa han tenido lugar dos exposiciones de esas que plagan de carteles las ciudades y atestan las páginas de periódicos y suplementos culturales. En verdad ambas llevan ya un tiempo desarrollandose. Una sigue, otra se fue. La que todavía puede verse, hasta el 26 de Septiembre, es “Who Knows Tomorrow”, organizada con gran esfuerzo por la organización comprendida bajo el nombre de “National Galerie Staadliche Museen Berlin”; la que ya nos abandonó, dejando a su paso corazones rotos, pasiones desatadas y más de una ampolla de tanto esperar, fue la retrospectiva sobre la obra de Frida Kahlo, que tuvo lugar en el museo Martin Gropius-Bau, también en Berlin.

Me parece interesante resaltar la curiosa coincidencia que ha permitido ver al mismo tiempo dos exposiciones, que si bien tan distinas, poseen a mi entender una vinculación más que probable.

Se trata de dos grandes esfuerzos organizativos por parte de instituciones europeas en traer y mostrar “debidamente” una serie de obras que podría calificarse como “fuera” de el arte occidental tradicionalmente concido como tal, por su carácter de pretendida periferia (Kahlo) y por lo reflexivo, nuevo y “postmoderno” (las obras realizadas por los cinco artistas participantes en Who Knows Tomorrow). Pero claro, como siempre, los intentos plagados de buenas intenciones llevados a cabo por instituciones gubernamentales conllevan un alto riesgo de perder en sus resultados los pretendidos objetivos en un principio. Me explico.

Creo ver en ambas exposiciones dos maneras de enfocar una temática que trata de dar luz (aunque la luz ya haya sido más que dada, desde hace ya unos años) a una producción artística que no goza de tanto crédito quizá en Europa, o por así decirlo, entre las mayorias, pues a nivel académico se trata de conocimientos o ideas ya, más que asumidos, teniendo en cuenta como está ultimamente el tema, están diseccionados. Opino que a casi nadie ya se le ocurriría decir que cuál es la obra de la señora Kahlo, siendo una figura bastante corriente en el imaginario artístico manejado por aquello de “la gente”. Esto llega a tal punto que las colas que se formaban frente a las señoriales puertas del Martin Gropius-Bau con el objeto de visitar su aclamada retrospectiva contaban las horas de espera al más puro estilo de los parques de atracciones: a partir de este punto le esperan 7 horas (y de verdad, no estoy exagerando). Y entonces yo me pregunto qué es lo que pasa, que si toda esa maniobra de mostrar por primera vez en Europa desde hace décadas la obra de la artista mexicana para reconocer su valor y revisar su potencial no se ha convertido más bien en un refuerzo de los exotimos y cliches que ya penden sobre la figura de Frida, que en vez de disfrutar de una exposición original, con planteamientos nuevos quiza acerca de su identidad y su obra, se contenta con alimentar las viejas cartelas de “Surrealismo”; “Hija de México”; “Frida Mujer” y “Esposa despechada”. En fin... Aunque Frida Kahlo no sea una artista nacida en Occidente, fue Occidente quien creo su figura y la mitología que la rodea, ya bien fuera a través de un alucinado André Breton o del apropiacionismo del movimiento feminista. Sin embargo continúa sin mostrarse más que esas facetas construidas por el “ojo-blanco”, sin intentar reamente penetrar en la complejidad de un personaje fragmentario, que supo su responsabilidad y tragedia en vida, y que sugiere la posibilidad de un análisis más exhaustivo o por lo menos un cambio en su planteamiento. Eche de menos la sugerencia de nuevos puntos de vista más allá de los antes citados, pero habrá que esperar para eso, quiza especialmente a que otra institución (o quiza la falta de ella) se decida a llevar a cabo la empresa.

En relación a “Who Knows Tomorrow”, cabe decir que el concepto se plantea desde un hipotético lado opuesto si de posiciones puediera hablarse. La muestra goza de un estupendo planteamiento de partida, que si no rabiosamente nuevo, si de actualidad y necesario dentro de los programas expositivos europeos mayoritarios. La exposición parte de un asumido aunque importante cuerpo teórico, que queda recopilado en la edición concevida como catálogo, y que al mismo tiemo es mucho más, ya que en vez de las acostumbradas fotografías, lo que incorpora son numerosos y concienzudos ensayos entorno a las ideas del post-colonialismo.

Si bien son textos interesantes, el valor teórico propuesto no lanza ninguna conclusión innovadora, radicando su valor, en mi opinión, es la puesta en práctica de una exposición, organizada por una institucion nacional, en base a esas premisas. Más teniendo en cuenta la historía de la nación alemana en relación con el desarrollo del proceso colonial durante las últimas décadas del siglo XIX en el continente africano.

En este punto encuentra la exposición su mayor potencial, ya que se ha intentado llevar a cabo un diálogo entre las obras realizadas por los artistas (exprofeso para la muestra) y esos hechos históricos que tienen tanto que ver con el debate planteado. El proponer una intercomunicación entre esos lugares-testigos y obras que hablan sobre aquello que atestiguan es algo que siempre me ha parecido interesante, también por la inefable fuerza que de su encuentro en ocasiones se desprende.

Sin embargo, como crítica surgida de la visita general del proyecto, el cambio de localización y la concreción de las obras provoca una cierta decepcion (más teniendo en cuenta el bombo y platillo desplegado en la campaña publicitaria, aunque eso es otra historia). Hay muchas buenas intenciones y un buen concepto de base, no obstante, el esperado impacto se pierde en obras dispersas en diversos lugares, que a veces funcionan estupendamente (Yinka Shonibare MBE en Friedrichswerdersche Kirche), y otras veces resultan un tanto más superfluas o inofensivas (Pascale Marthine Tayou en la Neue Nationalgalerie).

Demasiado ruido para tan escasas nueces, aunque la proposición siempre se agradece.

Who Know Tomorrow está hasta el día 26 de Septiembre en diferentes localizaciones pertenecientes a la organización Nationalgalerie Staatliche Museen Berlin.

5/8/10

„SEÑORES, PASEN Y VEAN“



Más vale tarde que nunca. Comentario sobre la interesante exposición del estudio Olafur Eliasson en el Martin Gropius-Bau de Berlin.

Exposición Innen Stadt außen

Olafur Eliasson en el Martin Gropius-Bau

28 Abril al 9 de Agosto. Berlin


La visita a un museo es una exriencia que, por lo general, no se presta a sobre saltos, o, en caso de que estos se produzcan, suelen estar relacionados con gestos de provocación más o menos pronunciados, acciones que de alguna manera perturben o directamente fracturen la atención convencional que suele prestarse a un tema en concreto, quizá un objeto o un comportamiento. Hablando claro, de exposiciones de arte contemporáneo.

El espacio expositivo en ocasiones también aparece planteado de una manera más, digamos, lúdica, sugiriendo una relación diferente con el espectador que, en estos casos, pasa, atraviesa o experimenta con aquello que el artista le propone. Es interesante observar un aparente desarrollo de estas tendencias, un poco a caballo entre varias clasificaciones -instalaciones, performance y objeto artistico- que podríamos remontar sin irnos muy lejos a la “Haus U R” de Gregor Schneider, los rocambolescos e intrincados escenarios de Christoph Büchel o las más juguetonas o quizá menos turbadoras propuestas de Michael Beutler.

La muestra que el Estudio Olafur Eliasson ofrece en el Martin Gropius-Bau, sin tener esteticamente apenas similitudes con los artistas antes mencionados, participa sin embargo de esa manera de proponer la visita a un museo o espacio expositivo, en la que el acercamiento a la obra se plantea casi como un juego, un paseo en el que profundas reflexiones a las que la obra a llevado no se enmascaran o esconden tras un impenetrable velo conceptual, sino que han de descubrirse jugando, generando una experiencia excitante, estimulante para los sentidos, que practicamente deforma incluso la percepción que el visitante tiene del tiempo. No parece tiempo en un museo, parece más el de un parque de recreo. Un parque de atracciones un toque más serio –inevitablemente recordado por los terriblemente eficientes cuidadores de sala, siempre dispuestos y preparados para dar un toque de atención al despistado que por un instante se olvide de que, efectivamente, todavía se encuentra en un museo-.

La transmutación o simplemente orginalidad de la propuesta genera un acercamiento por parte del espectador muy diferente al sugerido por una exposición que podríamos llamar, convencional. Para empezar, propone desde el inicio la necesidad de que el visitante adopte la postura que le corresponde - es decir, receptor de un cuerpo artístico que se le presenta como reto intelectual más que como deleite perceptivo- de una manera consciente en vez de simplemente asumida. Las obras expuestas no poseen un admirable trazo que recalcar ni es absolutamente necesario llevar acabo un ceñudo y certero análisis intelectual para poder disfrutar de ellas, a pesar de que posean una indudable y flagrante sagacidad técnica.

El planteamiento de este tipo de reflexiones al visitante hace que éste se de cuenta de lo enclaustrado y codificado que el propio marco de referencia – exposición-, siendo sin embargo una muestra que tiene también mucho de convencional, de “Casa de Espejos”, si se quiere, revestida dela sofisticación e higiene del diseño ultra-moderno.

De esta manera, indagando en antiguos medios, explorando los límites y particularidades de los medios de la percepcion humana más básica, y por tanto, asumida y generalmente desapercibida, el artista y su equipo despliegan una serie de casi atracciones, una suerte de pasaje de feria, que al mismo tiempo permite deconstruir la mirada, y replantearnos el funcionamiento de hechos y fenómenos tan habituales como la composición e importancia de la luz, y por tanto tan olvidados o inapercibidos.

El estudio y afán científico del proyecto consigue un resultado cuando menos interesante e inesperado, poniendo de manifiesto la relativa sencillez con la que esas vías de información más elementales, en las que confiamos automaticamente, puede y son manipulables y manipuladas. Invito por tanto a que pasen y vean los prodigios de este envolvente espectáculo, allá por donde siga deambulando, ocupando otros “Circos del arte” en los que desvelar sus maravillas.

27/7/10

Sois unos desgraciados. Nunca actualizais el blog.

1/7/10